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Adultaniña


Hace un rato venía caminando a casa y cuando estaba por cruzar escucho una conversación entre una nena, de aproximadamente 5 años, y su mamá:

Nena: ¿Pero no te molesta caminar así?
Mamá: Si Rocío, pero ¿qué querés que haga?, no puedo sacarme el barro de la zapatilla ahora, no es tan grave. ¿Ves?, ese es tu problema, ¡que hacés un mundo de las cosas!
¿...?

Se fueron! ( o Neighbours II)

La mañana siguiente de mi cumpleaños, dolor de cabeza de por medio, y después de haberme acostado pasadas las 4 am, arrancó temprano. Desde arriba, mis queridos vecinos, emitían los más fuertes ruidos, se caían cosas, se arrastraban muebles, gritaban, se llamaban unos a otros. Entre sueños pensé "¿se estarán mudando?", y mezclando sueño con realidad me imaginaba la vida sin ellos. El ruido no cesaba, además del trío de siempre, ese día se habían sumado unas cuantas personas, más un carrito de supermercado que bajaba bruscamente por las escaleras y rodaba por el piso de mosaico del pasillo.
¡Qué manera de hacer ruido! Rami se despertó estornudando y entre mocos esbozó una queja, pero volvió a dormirse al ratito, y yo seguí sus pasos.
Cuando nos levantamos, después del mediodía, los ruidos se habían detenido, no volaba una mosca, y la paz reinaba en el hogar.
Entre sospechas, con Rami decidimos subir sigilosamente las escaleras, hasta la puerta de la casa de los vecinos, y con total impunidad miramos por el ojo de la cerradura..., se fueron!!, contentos y sorprendidos a la vez, volvimos al departamento con una sonrisa en la cara.
Efectivamente se habían mudado, tal como lo había soñado, sin saber cómo ni por qué. Fue casi como un regalo más de cumpleaños!
Ahora disfrutamos la paz del silencio, con intriga de saber qué nos depararan nuestros futuros vecinos.

Hay un ratón en mi tupper


Tengo una debilidad por el queso, me encanta! en casa compramos queso en barra, ese que la gente normal compra en fetas, nosotros lo compramos en barra. Vamos al chino de la vuelta y en perfecto castellano, abriendo bien la boca, y usando las manos para gestualizar, sin que se mal interprete, le pedimos: "deme de ese queso, pero no en fetas, un pedazo". No es fácil, pero con los días logramos que la explicación sea menos exhaustiva.
El queso en barra lo compramos desde que tenemos un fabuloso utensilio* que nos permite cortar nuestro queso en perfectas fetas, la verdad es que parece que compramos el queso para usar el aparatito, sí, puede ser, pero es muy útil porque de esa forma cortamos el queso de una manera un poco menos guaranga y la porción nos queda ideal para el tamaño de una cracker. Cuando llego a casa con hambre, después del trabajo, mi merienda consiste en eso, siempre que haya queso, claro.
Todo esto viene a que cuando se acaba, nadie lo menciona, uno de nosotros abre la heladera, busca el tupper con el queso y zas! se lleva dos posibles sorpresas: 1. que no hay tupper, por tanto, no hay queso; 2. hay un pedacito ínfimo de queso que te provoca irritación y quejas provenientes del estómago.
Bueno, hoy me pasó eso, abrí el tupper, y el pedacito se me reía en la cara. Por suerte al lado había un torpe queso cremoso que se escapaba del envoltorio, y con poca delicadeza corté un guarango pedazo para ponerlo en mi cracker, mmmm....pero no fue lo mismo.

*Pronúnciese "utensilio". Me fastidia la gente que dice o escribe "utensillo", perdón.

Neighbours (cantaba Mick)

Tengo ganas de hacer catarsis, de plasmar en palabras lo que a veces me gustaría gritar a los cuatro vientos: “¡¡DETESTO A MIS VECINOS DE ARRIBA!!” Sin vueltas, eso es lo que día tras día reprimo para mantener la paz de mi hogar, pero a veces se torna insoportable; ¿cuál es el límite de la tolerancia?
Escribo, reescribo, borro, escribo y vuelvo a borrar. Son tantos los pensamientos negativos que se me vienen a la cabeza, que es difícil hilar uno y plasmarlo en la hoja virtual. A veces las palabras nos quedan cortas cuando de sentimientos, positivos o negativos, se trata.
Puedo definirlos con algunos adjetivos: son ruidosos, molestos, gritones, maleducados, escandalosos, conventilleros y la lista sigue y sigue. O puedo dedicarles los más furiosos y ordinarios improperios en grandes mayúsculas, pero eso, mejor, lo sigo dejando para mí.
Día a día me levanto con sus ruidos, onomatopeyas por doquier: “PLAF”, cierran la puerta, “PLUM”, golpean la puerta, “PAPAPAPA”, corren por el piso de madera,  "RAAA", arrastran un mueble, “GUAU, GUAU”, ladra el perro, “BUAAA”, llora la nena y acto seguido, “¡¡¡¡¡MAMÁ!!!!!”
Una voz aguda, agudísima, me crispa los pelos de todo el cuerpo, y un escalofrío me recorre de pies a cabeza; van los pasos al rescate, tras portazo, se escucha la voz de la madre: “PARÁ DE LLORAR”, pedagogía moderna. Pero no para, claro, al contrario, va en aumento, cada vez más fuerte; y los pasos van y vienen, va el padre “PARÁ DE LLORAR”, pero no hay caso. Esta escena se repite alrededor de ocho veces por día.
Sueño con que ellos alguna vez decidan mudarse, “QUÉ SE VAYAN DE UNA VEZ POR TODAS”, sueño con que los momentos en que no están, y reina el silencio, sean eternos, sueño con el día, en que, sin saber cómo ni por qué, desaparezcan…

Sobresaltada, me despierto y pregunto “¿QUÉ, QUÉ PASA?”, nada en casa, son los vecinos que, una vez más, me despertaron.

Siempre hay un motivo real para brindar

Nos levantamos pasadas las 12 todavía con modorra y marcas de la almohada. Desayunamos y vimos el último capítulo de Lost, recién salidito de la net. Cuando nos levantamos cada uno se sentó en su búnker un rato y planificamos el día. Él ensaya un rato, yo webeo pensando que tengo que leer Popper, qué feo!
Mientras computo un rato y juego al zuma, un nuevo jueguito adictivo que me pasó Rami, súper recomendable, escucho la radio. Suena Basta de todo en la Metro y están regalando una caja de vinos al que tenga un buen motivo para brindar. Lo hacen todos los días, pero hoy decidí llamar. Marqué aproximadamente ocho veces el mismo número, redial, redial, redial...una y otra vez hasta que sonó y empecé a escuchar la radio por teléfono. Qué nervios! me temblaba la voz, no sé por qué uno se pone tan nervioso cuando habla por la radio, algo así como un pánico escénico.
Me saludaron Matías, Schulz y Cabito, me hicieron las preguntas de rutina, edad, estado civil, etc.
En eso entra Rami al comedor y me mira "estás hablando con la radio?", "jaja, sí", le contesto.
Me hicieron preguntas sobre Rami, dónde nos conocimos, dónde nos dimos el primer beso, a dónde fuimos la primera vez que salimos, y algunas intimidades más que en ese momento trastabillé pero respondí.
Finalmente mi motivo para brindar era la visita de mi papá con su familia. La primera vez que vienen a casa y los recibo como buena anfitriona. Me pareció un buen motivo.
Después del voto del equipo de la radio, me gané la caja de vinos!
A horitas nomás de que lleguen las visitas, con Rami nos seguimos riendo del llamado desvergonzado y esperamos disfrutar del merecido regalito de viernes santo, ja!


“Muchacha, hacete el Papanicolau”



Ese año estaba trabajando en la universidad, tenía una buena obra social y, como solía hacer anualmente, saqué turno con una médica ginecóloga de la cartilla para realizarme los habituales chequeos femeninos, los odiosos “PAP” y “Colpo”, más conocidos como Papanicolau y Colposcopía.
Alrededor de las cuatro de la tarde, llegué al consultorio de la Doctora Rey. Como era la primera vez que iba me tomaron los datos para la ficha personal, y me dispuse a esperar, junto a otras mujeres, a Silvia, la doctora que me había tocado. Leí una revista, de esas que nunca faltan en los consultorios, mientras un televisor, a un volumen imperceptible, transmitía un programa sobre macramé en Utilísima Satelital. Después de un rato, una de las doctoras abre la puerta, toma una ficha de la recepción, y me llama: -¿Martínez, Agustina?-
Me acerqué y la saludé. Siempre dudo si dar un beso o no, y siento que la duda es mutua, porque el acercamiento en ese instante parece desarrollarse en cámara lenta, como esperando que sea el otro el que tome la decisión. Entré al consultorio y charlamos un rato sobre mi historia clínica, lo habitual para una consulta de rutina.
-Bien, sacate la ropa interior y acostate en la camilla por favor-. Con cierta incomodidad me acuesto en la camilla, apoyo los pies en el caballete y trato de relajarme, pero sin éxito. El examen no duró más de cinco minutos. -Listo, levantate despacio para no marearte y, cuando estés bien, vestite- Después de vestirme, nos sentamos nuevamente en el escritorio, estaba más tranquila, pero esa tranquilidad no duró mucho. -Tenés una manchita en el cuello del útero, puede que no sea grave, pero la voy a mandar a analizar para estar segura-.
La doctora me explicó que existe un virus, llamado HPV, que puede causar las llamadas verrugas genitales, esas verrugas pueden ser de dos tipos, de bajo o alto riesgo. Las de bajo riesgo no provocan inconvenientes, y suelen ser cauterizadas con calor o frío; pero las de alto riesgo pueden provocar una lesión en el cuello del útero crecer y, si no se trata a tiempo, desembocar en un cáncer. -Volvé dentro de quince días que ya vamos a tener los resultados-. Salí del consultorio un poco asustada, la explicación de la doctora resonó en mi cabeza durante esas dos semanas.
Finalmente llegó el día de ir a buscar los análisis. En el consultorio se repitió la escena, varias mujeres leyendo revistas de todo tipo, y la televisión encendida, sintonizando nuevamente Utilísima, esta vez, con un programa sobre crochet.
Silvia, la doctora, me reconoció y nos saludamos con un beso sin dudar;  quise ver la expresión de su cara, pero no era una persona del todo expresiva. Nos sentamos en el escritorio y abrió el sobre con los resultados de mis exámenes.
-Agustina, tengo que decirte que los análisis no salieron muy bien, no te pongas nerviosa porque es algo que tiene solución-; esas primeras palabras bastaron para que se me hiciera un nudo en la garganta, quería llorar. -Tenés un HPV de alto riesgo, lo que significa que tenemos que sacar esa manchita pero quitándote una parte del cuello del útero-, (suena escabroso, pero es exactamente lo que dijo), -sino la sacamos, en unos años esa manchita puede desarrollarse en un cáncer, con lo cual es bastante urgente que la retiremos a tiempo. Es una intervención quirúrgica, con anestesia local, y no te generaría ningún riesgo. Después de la operación hay que tomar ciertos recaudos, porque se puede llegar a regenerar, no es seguro, pero para eso tenés que seguir haciéndote los controles-.
Luego de un mes de estudios y consultas, confirmé la fecha de la operación. Fuimos con mi mamá hasta el consultorio de Barrio Norte, una tarde de invierno con los nervios que me recorrían de pies a cabeza. Era un consultorio común, y había otras mujeres esperando ser atendidas, pero esta vez no había tele.
-Agustina, pasá por acá por favor-.
Veinte minutos después salí caminando de la sala, mi mamá me miró sorprendida, se imaginaba que la intervención iba a tomar más tiempo y que yo no iba a tener la fuerza suficiente como para caminar sola, pero no fue así. La operación fue realmente sencilla, los fantasmas que tenía en la mente se esfumaron, y volví a respirar tranquila. Nos abrazamos.
Hoy, después de casi tres años de esos meses interminables, agradezco haberme hecho los odiosos PAP y Colpo, y haber podido evitar la verdadera mala noticia.  
Como bien solía decir Tita Merello, “Muchacha, hacete el Papanicolau”.



Una de las vacaciones rampetit.

Otra como yo

Ayer descubrí que hay una persona que se llama exactamente igual que yo. Claro, es algo común, lo sé, pero a mi me sorprendió. Creo que mi tocaya también es argentina, pero vive en USA y es diseñadora. Quedé shockeada, y como Silvia Prieto, me puse en contacto con ella, pero espero respuesta...habrá novedades.

Prison Break

Llegamos el sábado de La Pedrera. Elegimos marzo por lo tranquilo, barato y solitario. Desconexión sideral es la frase que engloba esas impecables vacaciones.
El domingo almorzamos en familia, nos elogiaron el bronceado, repartimos regalos, y mostramos las fotos. Seguíamos en sintonía vacacional, no es sencillo desprenderse de esa sensación, tampoco teníamos ganas.
A la noche comimos en la cama viendo Prison Break, serie que nos acompañó en los días lluviosos de La Pedrera. Hasta que un llamado, pasadas las once, nos sacó del letargo.
R., mi novio, atendió el teléfono. Una voz desconocida y nerviosa le preguntó si conocía al Sr. E.Y. “Es mi primo”, contestó R. “El Sr. E.Y tuvo un accidente”. Un sudor frío corrió por la espalda de R. Me miró sorprendido y con una sonrisa perturbada. Pidió detalles del accidente, del paradero de E.Y, pero la voz hablaba cada vez más rápido, dando respuestas evasivas y de poca lucidez. Dijo que llamaba de una comisaría, que era el oficial P. y le pidió a R. que le pase el número de su celular porque el comisario lo iba a llamar desde lugar del accidente. R. dudó, pero abrumado y con un nudo en la garganta le dió el número. “No corte el teléfono de línea” dijo P., y el diálogo se tornó más extraño aún. Sonó el celular, aumentando la dosis de ruido y exaltación que ya invadía el cuarto.
R. atendió expectante, y otra voz -más alterada que la primera- le habló del otro lado. “Tenemo’ a tu primo secuestrado, sabemo’ donde vivís y estamo’ cerca, así que no colgués y hacé lo que te decimo’, ¿cuchaste?”. R. cortó desconcertado. Volvieron a llamar. Desde el teléfono de línea empezaron a gritarle. R. casi no hablaba, no le daban margen. Yo atendí el celular; “¿Hola?”, (pareció sorprenderse cuando escuchó mi voz) “señora, dígale a su marido que no cuelgue, que no se haga el loco”. Corté. Me temblaban las manos. R. también cortó. El teléfono volvió a sonar. No atendimos.
Llamamos a E.Y.
No contestó.
Insistimos.
“¡Hola E.!”.
Volvimos a la cama.
Volvimos a Buenos Aires.

14 de febrero by un tipo "macanudo"


Diario de viaje. Salud Enero!


Ya estamos, vuelta de las vacaciones no quedan excusas, hay que arrancar. Enero se despide, y febrero sopla la nuca (pero coldplay está en el medio!). Qué mes odioso!, pasa demasiado rápido y sólo tiene dos días menos! sin avisar entra marzo y se viene todo encima, se acaba el verano, empieza el año en serio. Febrero vendría a ser un preaviso, -che! apurate que arranca!!, pero siempre llego tarde y marzo cae como baldazo de agua fría.
Bueno, estábamos en enero todavía no? quería despedirme de este lindo mes, que hasta ahora se portó más que bien. ¿A dónde de vacaciones? al país con el nombre de un río.
Montevideo dos días, tras un viaje agotador, con varios cambios de micros, valijas pesadas como toda mujer, cargada de un montón de ropa innecesaria pero que no puede faltar, -seguro este verano me lo pongo- ese vestido de playa enterrado en el placard, que nunca uso, en vacaciones lo llevo ( y obvio no me lo pongo). Estoy mostrando mi faceta, no puedo evitarlo, es parte del personaje.
Ciudad Vieja nos abrió las puertas, el barrio, y el hostel homónimo. Muy San Telmo, las comparaciones son inevitables, pero con ese no se qué de la tierra charrúa. Poca la gente, pero con mucha calidez, mucha predisposición al son de - a las órdenes- y sobre todo, buena la onda.
Un poco de recorrida en las pocas horas que pudimos aprovechar: puerto, pocitos, ferias, libros, y mate, mucho mate. Termos bajo el brazo, yerba finita y mates enormes: esa "sensación de estar siempre en casa"*,me gustó esa definición. (*Ramiro Abrevaya dixit)
Madrugón y a volar Paloma.
Dando vueltas con Otto en su taxi que, tras doce horas seguidas trabajando, nos llevó con una sonrisa hasta llegar a la casa del señor con nombre raro: Kelmis, alias Quispe, Cosme, Cosmo, Quilmes, y siguen...
La cabaña era de cuentos, pintada de amarillo por fuera, techo a dos aguas, excelente sorpresa. Mucha comodidad, todos los detalles ubicados en el lugar exacto, ahí donde necesitábamos algo, estaba. Todo gracias a la detallista esposa de don Kelmis, Sandra? o Miriam, o Gladys, o....?
La playa cruzando la ruta, una buena dosis de adrenalina que te helaba la sangre, para generar movilidad entre tanto relax.
Es fácil acostumbrarse a que el mayor problema sea -cómo estará el día mañana, qué comemos- o...el tema de la noche: -qué bicho nos esperará en la casa cuando lleguemos?- Alacranes, sapos, arañas gigantes, cascarudos, etc...(faltó el oso) la casa estaba en zona de bosque, inevitable que la naturaleza muestre todas sus cartas, desde los hermosos árboles hasta... un sapito al lado del inodoro....aaaahhh!!! Qué grito dimos cuando lo vimos! y tras luchar dos gigantes ante el pequeño sapito que no medía más de 8cm., terminó agonizando después de un escobazo en el hemisferio derecho de su anfibio cuerpo...(todavía siento culpa)
Prontas para la Pedrera.
- El colectivo pasa cada 15 minutos- nos dijeron, esperamos en un resabio de sombra que a medida que pasó el tiempo fue desapareciendo hasta que, para alivianar la espera, tres montevideanas nos acompañaron en la insolación. "Ta", "ahi va", terminología en común entre estas tres chicas que no pasaban los 18. Una de ellas, mostraba orgullosa un tatuaje de henna al borde del corpiño; preguntamos qué significaba el dibujo -beshezza-(sic) dijo sonriente.
Dos horas más tarde llegó el colectivo. Nos separaban sólo 15 minutos de La Pedrera, pero valió la pena esperar. Unos chivitos con cerveza previos a la playa, y Bob de fondo nos ayudaron a recuperar fuerzas.
Llegamos, con los pies quemados sedientas de una sombrilla, hasta un parador en el que, ante nuestro pedido, nos miraron como si quisiésemos agua en el desierto. Ante la falta de reparo nos ofrecieron un pequeño lugarcito abajo de una especie de toldo. Hicimos base: lona, lonita, toalla y claro, el mate.
Tras 15 minutos de reposo y recuperándonos un poco del calor, el dueño del parador se nos acercó con un plato de...sandía! lo miramos babeando como el perro de Pavlov pensando que era para otros, pero no! vino directo a nosotras y sonriente nos ofreció el preciado fruto del verano!...esas cosas que tiene Uruguay.
El atardecer en la Balconada, es sencillamente increíble, sorprende ver algo tan inmenso, tan colorido, y nosotros tan chiquitos...digno de verse.
Los siguientes días mucho, sol, mucho La Aguada. Llegando al final, descubrimos que uno de los paradores que usábamos de W.C de noche se convertía en un lugar de culto: culto a las rabas (increíbles), a la Patricia (riquísima), culto a la buena música, (con hambre no se puede pensar! dixit: No te va a gustar) y delante nuestro, unos reflectores iluminaban la playa que bailaba con el sonido del mar...casi la perfección (soy exigente)
Ahí pasamos nuestra última noche y nos despedimos de La Paloma, -vuelvan!- nos gritaron...
De nuevo la valija, de nuevo los micros, de nuevo el catamarán (¿?), mucho sueño, un ronquido en cada tramo y...llegamos al Tigre. Cuánta gente por todos lados!! nos habíamos despegado un poco de la masividad porteña. Muy necesario, al menos unos días al año.
Gracias Ce y Cl