Hay un ratón en mi tupper


Tengo una debilidad por el queso, me encanta! en casa compramos queso en barra, ese que la gente normal compra en fetas, nosotros lo compramos en barra. Vamos al chino de la vuelta y en perfecto castellano, abriendo bien la boca, y usando las manos para gestualizar, sin que se mal interprete, le pedimos: "deme de ese queso, pero no en fetas, un pedazo". No es fácil, pero con los días logramos que la explicación sea menos exhaustiva.
El queso en barra lo compramos desde que tenemos un fabuloso utensilio* que nos permite cortar nuestro queso en perfectas fetas, la verdad es que parece que compramos el queso para usar el aparatito, sí, puede ser, pero es muy útil porque de esa forma cortamos el queso de una manera un poco menos guaranga y la porción nos queda ideal para el tamaño de una cracker. Cuando llego a casa con hambre, después del trabajo, mi merienda consiste en eso, siempre que haya queso, claro.
Todo esto viene a que cuando se acaba, nadie lo menciona, uno de nosotros abre la heladera, busca el tupper con el queso y zas! se lleva dos posibles sorpresas: 1. que no hay tupper, por tanto, no hay queso; 2. hay un pedacito ínfimo de queso que te provoca irritación y quejas provenientes del estómago.
Bueno, hoy me pasó eso, abrí el tupper, y el pedacito se me reía en la cara. Por suerte al lado había un torpe queso cremoso que se escapaba del envoltorio, y con poca delicadeza corté un guarango pedazo para ponerlo en mi cracker, mmmm....pero no fue lo mismo.

*Pronúnciese "utensilio". Me fastidia la gente que dice o escribe "utensillo", perdón.

Esperando

Estaba sentada, con ganas de escribir y no sabía qué. Hasta que me di cuenta de que tengo algo en la cabeza hace una semana que no para de darme vueltas, y me tiene nerviosa. Escribo.
No quiero que lo que pasó se queme, me limito a sentimientos encontrados y pensamientos cruzados. Estoy ansiosa, y necesito una respuesta. Si es por sí, buenísimo, rebozo de alegría y excitación, si es por no, caeré un rato en la tristeza, pero aprenderé de mis errores y seguiré avanzando, lo concreto es que necesito una respuesta, porque el estar así angustia, es un estado del no-estado, como esperando algo con las manos abiertas, los brazos extendidos y el corazón latiendo. ¿Cuánto más puedo sostenerlo?, aunque la verdad es que prefiero estar así, expectante, y no caer en la resignación, porque es cruel.
Necesito una respuesta, no se olviden de mí.

Neighbours (cantaba Mick)

Tengo ganas de hacer catarsis, de plasmar en palabras lo que a veces me gustaría gritar a los cuatro vientos: “¡¡DETESTO A MIS VECINOS DE ARRIBA!!” Sin vueltas, eso es lo que día tras día reprimo para mantener la paz de mi hogar, pero a veces se torna insoportable; ¿cuál es el límite de la tolerancia?
Escribo, reescribo, borro, escribo y vuelvo a borrar. Son tantos los pensamientos negativos que se me vienen a la cabeza, que es difícil hilar uno y plasmarlo en la hoja virtual. A veces las palabras nos quedan cortas cuando de sentimientos, positivos o negativos, se trata.
Puedo definirlos con algunos adjetivos: son ruidosos, molestos, gritones, maleducados, escandalosos, conventilleros y la lista sigue y sigue. O puedo dedicarles los más furiosos y ordinarios improperios en grandes mayúsculas, pero eso, mejor, lo sigo dejando para mí.
Día a día me levanto con sus ruidos, onomatopeyas por doquier: “PLAF”, cierran la puerta, “PLUM”, golpean la puerta, “PAPAPAPA”, corren por el piso de madera,  "RAAA", arrastran un mueble, “GUAU, GUAU”, ladra el perro, “BUAAA”, llora la nena y acto seguido, “¡¡¡¡¡MAMÁ!!!!!”
Una voz aguda, agudísima, me crispa los pelos de todo el cuerpo, y un escalofrío me recorre de pies a cabeza; van los pasos al rescate, tras portazo, se escucha la voz de la madre: “PARÁ DE LLORAR”, pedagogía moderna. Pero no para, claro, al contrario, va en aumento, cada vez más fuerte; y los pasos van y vienen, va el padre “PARÁ DE LLORAR”, pero no hay caso. Esta escena se repite alrededor de ocho veces por día.
Sueño con que ellos alguna vez decidan mudarse, “QUÉ SE VAYAN DE UNA VEZ POR TODAS”, sueño con que los momentos en que no están, y reina el silencio, sean eternos, sueño con el día, en que, sin saber cómo ni por qué, desaparezcan…

Sobresaltada, me despierto y pregunto “¿QUÉ, QUÉ PASA?”, nada en casa, son los vecinos que, una vez más, me despertaron.

Siempre hay un motivo real para brindar

Nos levantamos pasadas las 12 todavía con modorra y marcas de la almohada. Desayunamos y vimos el último capítulo de Lost, recién salidito de la net. Cuando nos levantamos cada uno se sentó en su búnker un rato y planificamos el día. Él ensaya un rato, yo webeo pensando que tengo que leer Popper, qué feo!
Mientras computo un rato y juego al zuma, un nuevo jueguito adictivo que me pasó Rami, súper recomendable, escucho la radio. Suena Basta de todo en la Metro y están regalando una caja de vinos al que tenga un buen motivo para brindar. Lo hacen todos los días, pero hoy decidí llamar. Marqué aproximadamente ocho veces el mismo número, redial, redial, redial...una y otra vez hasta que sonó y empecé a escuchar la radio por teléfono. Qué nervios! me temblaba la voz, no sé por qué uno se pone tan nervioso cuando habla por la radio, algo así como un pánico escénico.
Me saludaron Matías, Schulz y Cabito, me hicieron las preguntas de rutina, edad, estado civil, etc.
En eso entra Rami al comedor y me mira "estás hablando con la radio?", "jaja, sí", le contesto.
Me hicieron preguntas sobre Rami, dónde nos conocimos, dónde nos dimos el primer beso, a dónde fuimos la primera vez que salimos, y algunas intimidades más que en ese momento trastabillé pero respondí.
Finalmente mi motivo para brindar era la visita de mi papá con su familia. La primera vez que vienen a casa y los recibo como buena anfitriona. Me pareció un buen motivo.
Después del voto del equipo de la radio, me gané la caja de vinos!
A horitas nomás de que lleguen las visitas, con Rami nos seguimos riendo del llamado desvergonzado y esperamos disfrutar del merecido regalito de viernes santo, ja!


“Muchacha, hacete el Papanicolau”



Ese año estaba trabajando en la universidad, tenía una buena obra social y, como solía hacer anualmente, saqué turno con una médica ginecóloga de la cartilla para realizarme los habituales chequeos femeninos, los odiosos “PAP” y “Colpo”, más conocidos como Papanicolau y Colposcopía.
Alrededor de las cuatro de la tarde, llegué al consultorio de la Doctora Rey. Como era la primera vez que iba me tomaron los datos para la ficha personal, y me dispuse a esperar, junto a otras mujeres, a Silvia, la doctora que me había tocado. Leí una revista, de esas que nunca faltan en los consultorios, mientras un televisor, a un volumen imperceptible, transmitía un programa sobre macramé en Utilísima Satelital. Después de un rato, una de las doctoras abre la puerta, toma una ficha de la recepción, y me llama: -¿Martínez, Agustina?-
Me acerqué y la saludé. Siempre dudo si dar un beso o no, y siento que la duda es mutua, porque el acercamiento en ese instante parece desarrollarse en cámara lenta, como esperando que sea el otro el que tome la decisión. Entré al consultorio y charlamos un rato sobre mi historia clínica, lo habitual para una consulta de rutina.
-Bien, sacate la ropa interior y acostate en la camilla por favor-. Con cierta incomodidad me acuesto en la camilla, apoyo los pies en el caballete y trato de relajarme, pero sin éxito. El examen no duró más de cinco minutos. -Listo, levantate despacio para no marearte y, cuando estés bien, vestite- Después de vestirme, nos sentamos nuevamente en el escritorio, estaba más tranquila, pero esa tranquilidad no duró mucho. -Tenés una manchita en el cuello del útero, puede que no sea grave, pero la voy a mandar a analizar para estar segura-.
La doctora me explicó que existe un virus, llamado HPV, que puede causar las llamadas verrugas genitales, esas verrugas pueden ser de dos tipos, de bajo o alto riesgo. Las de bajo riesgo no provocan inconvenientes, y suelen ser cauterizadas con calor o frío; pero las de alto riesgo pueden provocar una lesión en el cuello del útero crecer y, si no se trata a tiempo, desembocar en un cáncer. -Volvé dentro de quince días que ya vamos a tener los resultados-. Salí del consultorio un poco asustada, la explicación de la doctora resonó en mi cabeza durante esas dos semanas.
Finalmente llegó el día de ir a buscar los análisis. En el consultorio se repitió la escena, varias mujeres leyendo revistas de todo tipo, y la televisión encendida, sintonizando nuevamente Utilísima, esta vez, con un programa sobre crochet.
Silvia, la doctora, me reconoció y nos saludamos con un beso sin dudar;  quise ver la expresión de su cara, pero no era una persona del todo expresiva. Nos sentamos en el escritorio y abrió el sobre con los resultados de mis exámenes.
-Agustina, tengo que decirte que los análisis no salieron muy bien, no te pongas nerviosa porque es algo que tiene solución-; esas primeras palabras bastaron para que se me hiciera un nudo en la garganta, quería llorar. -Tenés un HPV de alto riesgo, lo que significa que tenemos que sacar esa manchita pero quitándote una parte del cuello del útero-, (suena escabroso, pero es exactamente lo que dijo), -sino la sacamos, en unos años esa manchita puede desarrollarse en un cáncer, con lo cual es bastante urgente que la retiremos a tiempo. Es una intervención quirúrgica, con anestesia local, y no te generaría ningún riesgo. Después de la operación hay que tomar ciertos recaudos, porque se puede llegar a regenerar, no es seguro, pero para eso tenés que seguir haciéndote los controles-.
Luego de un mes de estudios y consultas, confirmé la fecha de la operación. Fuimos con mi mamá hasta el consultorio de Barrio Norte, una tarde de invierno con los nervios que me recorrían de pies a cabeza. Era un consultorio común, y había otras mujeres esperando ser atendidas, pero esta vez no había tele.
-Agustina, pasá por acá por favor-.
Veinte minutos después salí caminando de la sala, mi mamá me miró sorprendida, se imaginaba que la intervención iba a tomar más tiempo y que yo no iba a tener la fuerza suficiente como para caminar sola, pero no fue así. La operación fue realmente sencilla, los fantasmas que tenía en la mente se esfumaron, y volví a respirar tranquila. Nos abrazamos.
Hoy, después de casi tres años de esos meses interminables, agradezco haberme hecho los odiosos PAP y Colpo, y haber podido evitar la verdadera mala noticia.  
Como bien solía decir Tita Merello, “Muchacha, hacete el Papanicolau”.

Se vienen los ñoquis

Si, ya sé, el año empezó hace rato. Pero todos tenemos esa sensación de que en realidad el año empieza en marzo. Ya estamos terminando este mes odioso, falta un mes para mi cumple, pasa demasiado rápido. Se me vienen encima los 29 y a veces tengo la sensación de que me falta algo, no estoy del todo convencida de qué es exactamente, pero cuando llega la época de mi natalicio empiezo reflexionar. Casi 30, es una edad bisagra, se van despidiendo los 20, así, de a poquito, te dan un año para que vayas cayendo.
Tengo amigas que ya los cumplieron y todas pasaron por esa reflexión, es lo último que te queda de la década y sólo quedan los restos de tus recuerdos para armar un rejunte y esperar los 30, como los ñoquis. Pero qué ricos son los ñoquis, no?

A pasitos del 2009, deseo sintonizar buena música, reír mucho, divertirme, amar, disfrutar de cositas, leer más, recibirme, y seguir siendo feliz. 
Feliz Año!




Dibujo: Maitena
Frase:
"Cuando en el banco declaro que soy trabajadora sexual, me ponen ama de casa".
Elena Reynaga,
Asociación de Mujeres Meretrices.

WhO

Quien quiera que sea
encontró lo que buscaba
nombrado por todos,
de repente unos pasos,
golpes en la pared,
retumba el placard,
salió sorpresivamente,
y como una araña tejedora
invadió todo,
no dejó lugar al vacío,
encontró lo que buscaba,
lo acaparó.

Periodismo responsable, democracia participativa

En las últimas semanas el país se ha visto movilizado por distintos factores políticos, económicos y mediáticos que generaron cierta polarización en la sociedad. A favor o en contra, sin embargo, el ciudadano sólo pudo cumplir dos roles, el de víctima y el de espectador.

Más allá de los sucesos que son de público conocimiento, es interesante reflexionar acerca de la pasividad de los roles nombrados que se traducen en una sola palabra: exclusión.
El rol del ciudadano en una democracia como la de nuestro país, se reduce al voto en elecciones libres, pero la participación en el resto de los poderes institucionalizados formalmente es absolutamente limitada.
Por diversos factores históricos, como burocracia, negligencia, corrupción y autoritarismo, continuamos con una democracia de tinte “delegativa” que básicamente consiste en “producir, por medio de elecciones limpias, una mayoría que autoriza a alguien a convertirse, por cierto número de años, en la exclusiva corporización e intérprete de los más altos intereses de la nación”[1] y los proyectos de una democracia participativa siguen siendo meras utopías de algunas mentes subversivas.
Asimismo, hace algunas décadas que los medios de comunicación se han convertido en una institución, no formal, con gran poder de opinión e influencia en la sociedad. Este crecimiento es causa y consecuencia de la profesionalización del periodismo que se ha logrado en los últimos años, y en la vital importancia de la libertad de expresión e información reconocida en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Sin embargo en la Argentina la libertad de expresión y su eslabón, la libertad de prensa, suele ser un derecho que algunos utilizan como bandera para manifestarse con cierta impunidad, olvidando la responsabilidad que se tiene al estar frente a un micrófono, una cámara o una computadora, transmitiendo un mensaje sobre la realidad.
Cabe destacar que por medio de la Resolución 48/432 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, se declaró el 3 de mayo Día Mundial de la Libertad de Prensa, proclamando el “fomento de la libertad de prensa en el mundo”, y el reconocimiento de que “una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática”[2].
La Declaración de Santiago (Chile, 6 de mayo de 1994), sobre el Fomento de unos Medios de Comunicación Independientes y Pluralistas[3], manifiesta, entre otros puntos, que “el respeto por el pluralismo, la diversidad cultural, de idiomas y de género, deberían ser un factor fundamental en nuestras sociedades democráticas y deberían reflejarse a través de todos los medios de comunicación”, que se debe “promover el mayor número de diarios, revistas, videos y canales de televisión que reflejen la gama más amplia posible de opiniones de la sociedad”, que “las autoridades estatales deben poner a disposición en forma oportuna y razonable, la información generada por el sector público”.
Abogar por una pluralidad de información, independencia y profesionalismo, implica que quienes son responsables y partícipes de los medios de comunicación tengan presente que su desarrollo en una sociedad democrática es necesario e indispensable, y ello implica la toma de conciencia del rol que se cumple. Es necesario que tengan presente la transmisión de un mensaje bajo los principios de la imparcialidad, no tergiversado, que contribuya a la educación, a la paz y al respeto de los miembros de la comunidad.
Actualmente en nuestro país, contamos con una Ley de Radiodifusión 22.285[4] sancionada durante la dictadura, y emparchada en reiteradas oportunidades por el gobierno de turno; hasta ahora los proyectos de una Ley de Radiodifusión democrática se repiten año a año, pero se agotan en la intención.
La polémica ley promueve la explotación de medios de comunicación con fines comerciales, favorece la concentración de la propiedad de estos medios y por tanto limita y excluye a amplios sectores de la sociedad a participar de este servicio que es patrimonio de la humanidad.
Un gobierno democrático, como tal, se encuentra en la obligación de defender la libertad de expresión sancionando una Ley de Radiodifusión inclusiva que permita la igualdad de oportunidades y participación de toda la comunidad.
En base a lo mencionado y volviendo al principio de este artículo es llamativo destacar que en las última semanas los ciudadanos sólo ha formado parte de los conflictos entre la prensa y el gobierno como meras víctimas y espectadores de un hecho del que pocos realmente pueden formar parte fuera de la polarización generada por éstos.
También resulta llamativo que quienes se escoltan detrás de la bandera de la libertad de prensa, no promuevan la discusión y la sanción de una Ley de Radiodifusión democrática que permita una discusión abierta y la real participación de la sociedad, basado en el derecho humano a comunicarse y recibir información de carácter independiente y diverso.
Es vital el rol de la comunidad en la exigencia y la participación del cumplimiento de sus derechos y libertades en un estado democrático, y de la misma forma, en el pedido de un justo manejo de la información que los incluya en la libertad de expresión, porque dichas libertades no son tales si están basadas en la exclusión.

Más información:
Iniciativa Ciudadana por una Ley de Radiodifusión para la Democraciawww.coalicion.org.ar
[1] O’DONNELL, G. (1992), “¿Democracia delegativa?”, en Contrapuntos: ensayos escogidos sobre
autoritarismo y democratización, 287-304, Buenos Aires: Paidós, 1997 [Cuadernos del CLAEH 61: 5-
20; “Delegative democracy”, Journal of Democracy 5 (1): 55-69, 1994].

[2] http://www.me.gov.ar/efeme/libertadprensa/libertadprensa.html
[3] http://legislaciones.amarc.org/Declaracion_de_sant.htm
[4] http://www.comfer.gov.ar/leyderadiodifusion22285.php

Mirador departamental


La mirilla, esa pequeña ventanita en la puerta de mi departamento.


¿Puede ser una versión minimalista y urbana del panóptico?, mirar sin ser mirado, mirar sin saber que estás mirando, controlando al que viene con visión ampliada de los rasgos faciales (ojo de pez), chusmeando los que salen, entran, charlan...por qué será que los edificios tienen ese jaque a la intimidad. El pasillo tiene un efecto eco que habilita a cualquier vecino con un poco de curiosidad a asomarse a su reducido panóptico o a pegar la oreja a la puerta para escuchar quién sabe que cosa poco/nada interesante.

Sin demasiado esfuerzo, las débiles paredes de los departamentos permiten escuchar: conversaciones, momentos íntimos, peleas, gritos, etc.

Sin embargo, creemos que nos metemos en nuestra caja de zapatos en tamaño people y estamos resguardados.

Delicias de la vivienda cosmopolita. Pasen y vean!




Una de las vacaciones rampetit.

Otra como yo

Ayer descubrí que hay una persona que se llama exactamente igual que yo. Claro, es algo común, lo sé, pero a mi me sorprendió. Creo que mi tocaya también es argentina, pero vive en USA y es diseñadora. Quedé shockeada, y como Silvia Prieto, me puse en contacto con ella, pero espero respuesta...habrá novedades.

Prison Break

Llegamos el sábado de La Pedrera. Elegimos marzo por lo tranquilo, barato y solitario. Desconexión sideral es la frase que engloba esas impecables vacaciones.
El domingo almorzamos en familia, nos elogiaron el bronceado, repartimos regalos, y mostramos las fotos. Seguíamos en sintonía vacacional, no es sencillo desprenderse de esa sensación, tampoco teníamos ganas.
A la noche comimos en la cama viendo Prison Break, serie que nos acompañó en los días lluviosos de La Pedrera. Hasta que un llamado, pasadas las once, nos sacó del letargo.
R., mi novio, atendió el teléfono. Una voz desconocida y nerviosa le preguntó si conocía al Sr. E.Y. “Es mi primo”, contestó R. “El Sr. E.Y tuvo un accidente”. Un sudor frío corrió por la espalda de R. Me miró sorprendido y con una sonrisa perturbada. Pidió detalles del accidente, del paradero de E.Y, pero la voz hablaba cada vez más rápido, dando respuestas evasivas y de poca lucidez. Dijo que llamaba de una comisaría, que era el oficial P. y le pidió a R. que le pase el número de su celular porque el comisario lo iba a llamar desde lugar del accidente. R. dudó, pero abrumado y con un nudo en la garganta le dió el número. “No corte el teléfono de línea” dijo P., y el diálogo se tornó más extraño aún. Sonó el celular, aumentando la dosis de ruido y exaltación que ya invadía el cuarto.
R. atendió expectante, y otra voz -más alterada que la primera- le habló del otro lado. “Tenemo’ a tu primo secuestrado, sabemo’ donde vivís y estamo’ cerca, así que no colgués y hacé lo que te decimo’, ¿cuchaste?”. R. cortó desconcertado. Volvieron a llamar. Desde el teléfono de línea empezaron a gritarle. R. casi no hablaba, no le daban margen. Yo atendí el celular; “¿Hola?”, (pareció sorprenderse cuando escuchó mi voz) “señora, dígale a su marido que no cuelgue, que no se haga el loco”. Corté. Me temblaban las manos. R. también cortó. El teléfono volvió a sonar. No atendimos.
Llamamos a E.Y.
No contestó.
Insistimos.
“¡Hola E.!”.
Volvimos a la cama.
Volvimos a Buenos Aires.